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SIMPLICIDAD_DE_LA_FORMA
 
Txema González






Poco amigo de los formalismos –lo que en el arte como en la vida quiere decir muchas cosas–, cuesta imaginarse a Rafa Forteza presentando una pieza como un objeto acabado que irradie armonía, belleza y solvencia de forma maifiesta y ostensible. Se diría que, aunque esos tres factores estén presentes en sus obras, no es ésa su "intención". Implicar al público emocionalmente es fácil, lo difícil es despertar su inteligencia.

Su trabajo es otra cosa. Algo tan aparentemente simple como cuestionar la creciente tendencia de suscribirse a “lo bonito”, una golosina que está en todas partes y que trata de la estandarización del gusto. Los ingredientes de la estetización son bien conocidos: ensimismamiento, escenificación del happening cotidiano –moda, cuerpo, consumo, publicidad–, la pantallización global, etc. Estetización sin resistencia, éxtasis de la rebeldía controlada.

Las referencias antropológicos y metafísicas no le apartan del sentido contemporáneo que impregna toda su obra. Atento a los acontecimientos de su época, no busca tan sólo analizar el impacto digital sobre la sociedad o reflexionar en torno a la ideología del confort, también cuestiona la necesidad y los límites de una tecnologización creciente de la vida. Así, Rafa Forteza se apropia del “tema tecnológico” y lo revierte hacia la “eficacia antropológica”: ironiza apuntando al hecho de que el desarrollo software y todos los mecanismos de seducción mercadotécnica han configurado ese aspecto "tech" que ofrece gran parte del arte contemporáneo. De ahí que Rafa Forteza de un paso adelante y elabore sus últimas esculturas con los restos arqueológicos de la tecnología y materiales tan pobres como elementales (véase la imagen que ilustra este texto). Una ironía futurista para preguntarse acerca de la esencia híbrida que impera en gran parte de la producción artística contemporánea y que trasluce en las múltiples referencias a los "mass media", la historia del arte, la publicidad, la vulgata científica y tecnológica, los estereotipos "manga" o la industria del entretenimiento, apropiados a la manera de "ready made" en sus productos.

En este contexto, y en medio de los esfuerzos y la cuantiosa inversión financiera tendentes a transformar la sociedad (las ciudades, los museos, la gran boutique-boutade del turismo cultural) en un espectáculo multimedia, Rafa Forteza contrarresta la inocuidad generalizada con una obra radicalmente sencilla, realmente "low tech" pero de connotaciones profundas; una reflexión sobre la comunicación, el entendimiento y la memoria, que constituye una toma de posición política y encarna a la perfección las palabras de Robert Morris, para quien “la simplicidad de la forma no implica la simplicidad de la experiencia”. 











 
 
 
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