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DE LA PINTURA COMO REVULSIVO
Biel Amer

bielgrandeRafa Forteza es uno de nuestros pintores más prolíficos tanto en producción como en exposiciones. Su constante actividad tiene refrendo en diversos espacios artísticos encuadrados en modos que cubren la pintura, la obra gráfica, y últimamente, la escultura. Ese espíritu creativo le llevó incluso a crearse un heterónimo que parece haber pasado a mejor vida. Con la presente exposición en el Centre Cultural Contemporani Pelaires, el artista parece quiere cerrar un período de su etapa creativa que no solo anuncia en el título de la muestra sino, y eso si es lo importante, en el conjunto de obras expuestas.
Como pintor, Rafa Forteza se encuentra en ese restringido grupo de básicos de la pintura hecha en esta isla. Ese honor lo ha conquistado a base de dedicación y talento, de esfuerzo y persistencia, valores que configuran una personalidad artística que sirve de correa de transmisión entre el artista y la persona, una dualidad no siempre llevadera pero eficaz para quien se dedica a la cosa del arte, en cualquiera de sus facetas. De ahí que su pintura y cada una de sus exposiciones difunda una leyenda más cercana a la impostura que a la literatura, en ese afán por definir un lenguaje plástico de referencia.
De ahí que la presente exposición proponga una ruptura con un pasado, extenso y generoso, cuyo ámbito formal ha estado dominado por la abstracción, coherente con su formación y adscrita a su generación. Superado el advenimiento del nuevo milenio y con voces cada vez más atinadas en torno a la pintura, Forteza reúne algunos de sus iconos plásticos referenciales, instalándolos para llamar la atención del espectador, ubicados en un espacio propio, como símbolos de un discurso vigente hasta hoy. ¿Són ellos el primer ejemplo de ese fin del espejismo o es una nueva estrategia ese título para eludir el debate?
La libertad que ha tenido el artista y el espacio concedido permiten un despliegue emocional incontenible y por eso mismo, susceptible de establecer puentes o cerrar puertas a la obra futura. La pintura de Rafa Forteza contiene tantos elementos de peso para el futuro que resulta difícil descubrir los pasos nuevos. El dominio de la pintura en sentido estricto es impecable, su deseo por encontrar el equilibrio entre las formas y el concepto le lleva a realizar unas obras que, en algunos caso, perturban los hallazgos plásticos para incidir en cuestiones banales. Por ejemplo, en el uso indiscriminado de elementos ajenos a lo pictórico como tapones, colillas, etcétera, que restan más
que añaden criterio a una pintura sobradamente impactante. La fiabilidad de su expresión, con esas lenguas de materia principalmente negra expandida sobre la superficie, resulta admirable, de una pureza exquisita, de pintor de casta. Abundando en ese punto, la misma materia le proporciona elementos plásticos insuperables sin necesidad de acudir a esos apósitos extraños y superficiales, originando conflictos de imposible resolución.
Rafa Forteza siempre ha sido un pintor impulsivo, metido de lleno en el acto creativo haciendo de su cuerpo, su brazo y la obra un todo del que debe desprender tanto el entusiasmo como la cordura en un ejercicio en el que la madurez no siempre pondera los resultados. En la muestra, la pintura campa en toda su extensión, minimizando la obra de la pared central del primer piso, compuesta como reflejo de su estudio, llena de detalles que abundan en su obra de mayor formato. De lo expuesto se desprende la capacidad del pintor por asumir nuevos retos, aferrado eso si, a la pintura y a la abstracción apoyado en la pintura como revulsivo, como modelo de creación inagotado.

RAFA FORTEZA. EL FINAL DEL ESPEJISMO
CCC Pelaires /
Palma // Febrero 2008
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