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JOSEPH BEUYS, RAFA FORTEZA Y LOS LÍMITES DEL COMENTARIO
Peter Ulrich Hein

 

ulrichgrandeCuando Joseph Beuys en los años setenta actuaba públicamente con grasa y fieltro, los periodistas se atrevían aún  ha plantear preguntas cándidas comoé sta::«Señor profesor, ¿podría aclararnos lo que esto significa?» Igualmente cándido, contestaba Beuys que "eso" estaba muy claro, que se trataba de un nuevo concepto del arte y con ello de un nuevo concepto capital. Uno tendía a aceptar aquello, pues sólo unas pocas de sus instalaciones –como aún la “Manada” ofrecían puntos de apoyo de alguna narración. Con las construcciones crípticas sin embargo se le abría al artista y a sus comentadores un enorme espectro de posibilidades de interpretación e indicaciones de significación. La afirmación de Arnold Gehlen sobre la necesidad general de comentario de la obra de arte moderna no pareció confirmarse más claramente que precisamente aquí ante los cuerpos de acero, fieltro y sebo misteriosamente dispuestos. A diferencia de los objetos de un arte absoluto, o como entre tanto se decía, “concreto”, aquí  se había puesto a su vez nuevos límites a la autonomía de los comentarios y discursos. La pura evidencia formal en Kandinsky y Mondrian había llevado al comentario, como se sabe, a especulaciones filosóficas y le había posibilitado una vida propia bien alejada de la obra de arte, mientras las esculturas de Donald Judd posibilitaban aún un silencio agradable en medio de los verbosos intentos de interpretación.  Por el contrario Joseph Beuys representa de una manera casi paradigmática un desarrollo en el arte plástico que obliga al receptor a comprender la obra tanto concreta como simbólicamente, lo que en el sentido riguroso de la fenomenología lleva a dos construcciones de sentido incompatibles. Y así se puede mostrar a ejemplo de Joseph Beuys cómo el discurso político alimentado por la tradición simbólica recubre los aspectos concretos de la obra y cómo la cualidad estética dependiente del objeto es comprometida por contenidos  superrealistas y de naturaleza mística. Así surge la impresión como si el objeto ya no pudiera soportar el comentario ilimitadamente fabulador.   Adorno, un tanto equívocamente, habló en este sentido de mimesis. La obra de arte enfocada a la verdad remite a un núcleo mimético. Se puede decir también que se acoge a su materialidad, lo que abre al trabajo del mito y del concepto no sólo espacios de asociación, sino que a la vez tiene también que sentar límites.

Si hay artistas que conciben esa dicotomía – intuitiva o intelectualmente – Rafa Forteza es sin duda uno de ellos. Muy rico en citas de la historia de la cultura y del arte, igualmente rico en narraciones, que invitan al comentador a entrar en la historia, continuar contándola o escribirla de otra manera, los objetos de Forteza se niegan sin embargo a pasar inmediatamente a la pura comunicación. Cuentan ese ir de camino, también que los hombres quieren mantener o si es posible incluso retener algo, que ellos – en la esperanza de que se les recuerde – dejan sus huellas. A pesar de todo los objetos no entregan totalmente su “verdad”. Ni Forteza presenta una reconciliación patética con la naturaleza  y sus leyes, ni se debe buscar su terminus ad quem en la superación espiritual de los límites, menos aún en el refinamiento formal. Tal vez  la “verdad” está oculta en el simple hecho  del objeto, que ciertamente presenta todas las huellas de la intención artística, ante nosotros sin embargo se presenta como totalmente autónomo y con ello a la vez también extraño. Una visión en ese sentido ha sido calificada por Georg Simmel como “tragedia de la cultura”. La insoslayable inclinación a comprender produce siempre nuevos conceptos, que no nos acercan sin embargo nuestras propias objetivaciones, sino que nos distancian cada vez más de ellas. El espacio sagrado en el que las obras de Forteza han sido recibidas, tiene en una cultura pos-religiosa su sentido en que simplemente recuerda más que oculta esa contradicción: lleno de historias, anima los sentidos y desafía el intelecto – a la vez remite a ambos a sus límites.

RAFA FORTEZA. “RITUS”
Kunst-Station de Sankt Peter / Colonia / Alemania / 2008
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