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 NO HAY MÁS REALIDAD QUE LA QUE DESCRIBE EL ESPEJISMO 
Asun Clar / Carlos Jover


asungrandeAunque parezca que la mayor parte de las facetas del discurso de Clement Geenberg hayan sido superadas hace tiempo, y que hoy en día su cita constituya hasta un anacronismo, lo cierto es que la visión del sentido hondo del expresionismo abstracto, y las tensiones que se vivieron entre el academicismo latente en muchos trabajos -incluso hoy- y las novedades en el mundo del arte producidas en el ecuador del siglo pasado en Estados Unidos, han servido para aclarar muchas zonas de penumbra, y también han abierto campos de batalla inmensos donde algunos guerreros han penetrado después –incluso hoy– con decisión salvaje. Los conceptos de shallow depth («profunda superficialidad») y flatness («planitud», si se quiere) rigen sus pronósticos de teoría del arte contemporáneo, y también los acordes que explican más de un trazo y más de un gesto afortunado en la obra de artistas actuales.

La pugna de Rafa Forteza por remediar la «planitud» desde los cánones contemporáneos es casi legendaria ya. En su caso el círculo constituye, además de otras cosas, el símbolo del paso que conecta una realidad provisional, representada, con las capas más profundas, sean éstas desarrollos hacia dentro o hacia fuera -porque está claro que en la era de la comunicación iríamos arreglados en caso de que no fuese posible erigirse en profundo disponiendo una actitud externalista, de vocación exhibicionista, y de gustos fálicos o convenientemente convexos.

Normalmente a ese «médium» que permite la ilusión del tránsito, en biología, se le denomina «herida», y con ella no sólo se nos aproxima la ruptura de toda perspectiva de lo real, sino que, para desgracia de los hedonistas, la terrible memoria y debate en torno del auténtico sexo de los ángeles, que no es otro que un cúmulo semántico (de semen, en este caso) de muerte y de vida, por este orden. La vieja canción, señores del patio de butacas, pero es que no la terminamos de cantar en la última ocasión que tuvimos de vernos.

Algunos rostros –pues siempre hay que hablar de rostros cuando se habla de Rafa Forteza, a pesar de que no estamos seguros de que eso le complazca– se afanan en la exposición del Centre Cultural Contemporani Pelaires desde una imaginería fantasmagórica, con tintes tenebristas, que dan a esas miradas vacías un aire trágico y a la vez agresivo. Eso ocurre en el gran lienzo, por ejemplo, apaisado, que encontramos en la pared izquierda de la planta baja, a la entrada. Una obra magnífica en la que Forteza nos enfrenta con los signos faciales de la «otra» realidad que persigue, y cuya conexión con la nuestra es el mero envoltorio que nos permite hablar de rostros cuando queremos tranquilizarnos antes de separarnos de ese abismo.

La exposición, que es una muestra muy completa del trabajo reciente del autor, cuenta con otros grandes lienzos en la planta baja, algunos explotando el vértigo de colores casi imposibles en la carrera contra la «planitud» emprendida por este combatiente de las profundidades. Pero lo que llama la atención en algunos de ellos, y que después se despliega en toda su medida en los trabajos en tres dimensiones de la planta superior, es que el impulso de abandonar la superficie y abrir heridas conectoras ha llevado a Rafa Forteza, en este hito de su recorrido artístico, a disponer piezas sobre la tela, en algunos casos incluso al modo del collage, de manera que se interrumpe nuestra mirada de búsqueda «horadante» con serias advertencias hacia nuestra posición y nuestro destino, que ya no están, pues, al margen de casi nada ante estas obras. Dice Piedad Solans en El bucle interminable que «si Rafa Forteza continuara la acumulación y proliferación de imágenes, el original desaparecería». Y es también en ese sentido acumulativo como puede entenderse la ruptura espacial hacia fuera, pues la acumulación focalizada es una forma de agujero, es una de las infinitas maneras de ser de una herida, es uno de los incontables rostros del tiempo y, por tanto, de la muerte -y de la vida, por este orden.

Exposición y enigma / Cuando se accede a la planta superior, nos encontramos de bruces con un gran panel de «cajas», dispuestas en pared como si fuesen rostros del azar -sí, otra vez la palabra «rostro» se nos desliza aquí; sorry. En otra sala, esculturas de dimensiones discretas ejecutadas con objetos reciclados a la manera «povera» nos miran también de frente, con ojos profundos como si nos reconociesen.

Por último, en otra podemos ver figuras estilizadas a modo de virtuales acumulaciones estalactíticas, esta vez ejecutadas en bronce. En definitiva, una muestra amplísima por toda su obra, que constituye, como suele ser habitual en las exposiciones que se producen en este espacio privado con vocación casi de público, una oportunidad única de acercarse a la totalidad de la obra de este singularísimo artista.

RAFA FORTEZA. “EL FINAL DEL ESPEJISMO”
Diario El Mundo (edición Baleares)
C.C.C. Pelaires / Palma / Febrero 2008
Fotografía: Joan-RamonBonet
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