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Home DOCUMENTACIÓN TEXTOS CRÍTICOS FRIEDHELM MENNEKES / LA CRUZ Y EL ROSTRO

LA CRUZ. EL ROSTRO
Revelaciones artísticas en la obra de Rafa Forteza
Texto para la exposición RITUS II.
Galeria Hensenleit / Colonia / Alemania / 2008
Friedhelm Mennekes


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La objetividad
/ Fue necesario trascender los límites de una visión encorsetada de la realidad para que ciencias se liberasen de las certidumbres impuestas por el dogmatismo imperante en la Edad Media. La red tejida por la reflexión filosófico y teológica del pensamiento dogmático se rompió en 1231, cuando tras una larga lucha en la Universidad de París se abrió la posibilidad de impartir Física y otras materias como disciplinas independientes. Poco a poco se fue abriendo camino una concepción no teológica del mundo en virtud del pensamiento empírico. El monopolio de la Teología había terminado, no sin antes influir fatalmente en la libertad y la trayectoria vital de personas como Roger Bacon (1214-1292) que, tras haber estudiado en Oxford y en París fue un defensor a ultranza de la libertad de pensamiento, y que tuvo que pagar su actitud con una larga prohibición de escribir y finalmente con la reclusión en un monasterio.

 Ninguna ciencia es útil por sí misma, porque que cada una forma parte de un todo orgánico (Roger Bacon).

Pero el calvario de algunas personas no pudo detener el proceso de apertura, de diversificación y de desarrollo del pensamiento humanista. Poco a poco se iba desmoronando la visión objetiva transmitida por el pensamiento dogmático, dando paso a una reflexión subjetiva surgida de la experiencia. Esta actitud vital, que había nacido en el seno de las ciencias, se transmitió pronto a otros ámbitos. El Renacimiento, la Reforma y la Ilustración forman parte de un proceso que llevaría a la superación de un objetivismo llevado al absurdo. Para ello, fue fundamental la decisión de dejarse llevar por el propio intelecto, por la libertad y la fantasía. A la imposición de unas verdades universales sucedió una perspectiva abierta de la realidad social, en la que cabía la comunicación entre las diferentes formas de ver el mundo. Al fin y al cabo, no sólo se descubrieron cosas, sino también nuevos métodos para descubrir cosas. De este modo, las diferentes aportaciones van adquiriendo un carácter cada vez más fragmentario, pasando a formar parte integrante del problema planteado, y convirtiendo la duda en la piedra angular de todo razonamiento. Continuamente aparecen nuevas formas de conocimiento, que se van sucediendo según su grado de aceptación. Ello da lugar a una gran movilidad intelectual, aunque también a una cierta arbitrariedad. Todo es provisional y perecedero, porque no hay nada que no sea en principio superable.

lacruz5La subjetividad / Así pues, la Edad Moderna rompe con la unívoca identificación de la objetividad con el sujeto que busca el conocimiento. El pensamiento dogmático del Medioevo tiene cierta presencia histórica, pero ha perdido toda aceptación real. Aun así, todavía hay muchas personas que se aferran a las reliquias del pensamiento y las formas de vida heredados del pasado, rechazando todo espíritu crítico para huir de la realidad y refugiarse en un mundo ficticio y confortable. La Ciencia, la Crítica del Conocimiento y el Arte luchan contra esta actitud inmovilista. Su impulso procede de una fuerza interior que se convierte a sí misma en un deber y una obligación. El arte moderno no pretende representar el mundo exterior con objetividad, sino más bien captar la subjetividad y la forma en que la realidad objetiva se manifiesta en su interior. La representación de la realidad objetiva es tarea para la fotografía y el vídeo; las disciplinas clásicas del dibujo, la pintura y la escultura pretenden captar la experiencia sin perderse en la objetividad, sin dejarse llevar por intereses espúreos que, a la larga, acabarían alejándolas de sí mismas.

Hay tres caminos para llegar al conocimiento, a saber, la autoridad, el razonamiento y la experiencia. La autoridad no nos es útil sin el razonamiento: reconocer una autoridad no nos sirve para conocer nada nuevo. Sin embargo, el razonamiento por sí sólo tampoco nos llevará al conocimiento si no lo contrastamos con la experiencia (Roger Bacon).

La obra del artista catalán Rafa Forteza, nacido en 1955, adquiere una dimensión muy especial en este contexto histórico. El artista adopta las formas objetivas heredadas de la tradición para constatar las reacciones y los efectos que provocan en su interior, dejándolas actuar y fundiéndose en ellas. Según la terminología utilizada por el teólogo americano Paul Tillich (1886-1965) la teoría es un proceso de adopción que da sentido a la realidad, mientras que la práctica consiste en el desarrollo de uno mismo dentro de esa realidad que ya tiene un sentido. El filósofo alemán Johannes Heinrichs, nacido en 1942, considera que la teoría es la realización de la realidad externa en el interior del sujeto, mientras que la práctica consiste en la realización del propio sujeto en la realidad externa.

Todo debe verificarse mediante la experiencia. Pero existen dos tipos de experiencia: la primera es la que nos proporcionan los sentidos, y que obtenemos mediante la experimentación con instrumentos construidos a tal efecto. Esta experiencia constituye la base de las Ciencias y de la Filosofía. Junto a ella existe otra, que es la que nos proporciona la inspiración divina (Roger Bacon).

En la obra de Rafa Forteza, la reflexión sobre la propia conciencia artística conjugaría estas dos formas de percepción. La realización personal no consiste en una malentendida subjetividad limitada al propio individuo, sino en una cierta realización del mundo en el seno de la realización personal. Lo que el artista intenta transmitir no es otra cosa que la realización del sujeto artístico en el mundo exterior. Ello se refleja en dos temas recurrentes en su obra: la forma de la cruz y el rostro humano.


Revelaciones

lacruz6La cruz
Muchos han sido los intentos de recuperar este antiguo símbolo para someterlo a un tratamiento artístico, desde Kasimir Malewitsch (1878-1935) hasta Alexej Jawlensky (1864-1941), desde Eduardo Chillida  (nacido en 1924) hasta Antoni Tàpies (nacido en 1923), y de Francis Bacon (1909-1992) a Joseph Beuys (1921-1986), entre tantos otros. Un hito importante en este proceso fue liberar al símbolo de la cruz de todas las connotaciones históricas y religiosas de la cristiandad. Por encima de todas las manifestaciones culturales, la cruz siempre fue un símbolo para el Hombre, un símbolo ancestral enraizado en múltiples contextos mitológicos. El Hombre se adentra en la imagen con los brazos abiertos, señalando el alcance de su experiencia vital, el horizonte de su percepción sensorial, especialmente óptica, y estableciendo las coordenadas de su relación con el mundo exterior.

Además, la cruz es expresión de la ordenación del mundo en torno a los cuatro puntos cardinales, un punto de partida para descifrar los principios que rigen lo desconocido, lo inextricable y lo caótico de la creación. Además, la cruz se proyecta sobre un fondo reticular, favoreciendo la concentración, el cálculo y la precisión. En la cruz confluyen dos tendencias fundamentales, a saber, la ampliación y la reducción, que se entrecruzan en el tratamiento actual de un antiguo motivo religioso.

Para Rafa Forteza, la cruz es fundamentalmente un punto de partida para la comprensión y la transformación de las superficies. Si bien aparece en todos sus períodos de creación, tiene una especial relevancia en dos series de grabados llamadas Arte y Religión. (Edicions Tristan 1994 / Del Silencio de Dios, Teresa Vinas-Arcadi Calzada Editors 1994).

Sobre una hoja prácticamente cuadrada se representan círculos, manchas redondas o abreviaciones sin ninguna relación entre ellos. Dicha relación se establece en una segunda fase, consistente en colocar una cruz central que surge de un centro circular o enmarcada dentro de otra cruz. De este modo, la cruz funciona como un polo magnético que atrae todos los elementos hacia su centro, expulsándolos al mismo tiempo hacia el exterior. De este modo se dinamiza la composición de la imagen, que además pone de manifiesto una serie de fuerzas invisibles que van más allá de sí misma. La imagen se concentra y explota, atrae y disgrega, recibe y transmite.

Formalmente, la fuerza de las obras del artista procede de la tensión entre las líneas horizontales y verticales, por un lado, y de los extensos cuadrados, por el otro. Las formas con dimensiones claramente determinadas, ya sean cerradas o abiertas, llaman poderosamente la atención, atrayendo la mirada hacia su interior y a veces incluso hacia algún lugar más allá de ellas mismas. La tensión fundamental de

estas obras reside precisamente en esta relación entre la línea y la superficie, entre el centro y la periferia, la gravedad y la ingravidez, entre las líneas que se cruzan y se entrecruzan. Las intersecciones, que aparecen a veces en varias capas, apuntan a lo misterioso, a lo desconocido. En este preciso momento cobran sentido las obras del artista, porque ponen en movimiento no sólo la imaginación del observador, sino sobre todo al observador en sí mismo, siempre que éste se acerque a la tensión y se deje invadir por ella. Cuando esto ocurre, el observador se ve obligado a dar vueltas alrededor de la obra en busca de una perspectiva esclarecedora, y por tanto a dedicar un tiempo a la observación. Al salir de su reserva, acaba relacionándose con la obra a través de sus movimientos, y finalmente se identifica con ella.

Las cruces de Rafa Forteza son obras de arte moderno; son cruces libres, sin connotaciones de ningún tipo. Sin embargo, estas obras se trascienden a sí mismas, tienen una doble vida en el interior del observador. El símbolo de la cruz no es sólo una forma, sino también un contenido. La cruz es expresión de la lucha del Hombre consigo mismo, de su confrontación con la búsqueda del conocimiento y la capacidad de comprensión, con el alcance de sus propias ideas y las del resto del mundo. Sin embargo, este proceso desemboca en otro tipo de asociaciones que tienen que ver con la manifestación religiosa de la cruz como símbolo del sufrimiento, de la muerte y de la reencarnación de Jesucristo.

En el observador se pueden cruzar estos dos significados. Sin embargo, estas cruces no son símbolos religiosos. Las cruces son lo que son: manifestaciones del arte moderno surgidas de la transformación de determinados principios de trabajo, testigos de la sempiterna búsqueda de la expresión artística adecuada. Aun así, estas formas son tan abiertas que el observador las puede relacionar y en parte identificar con la iconografía tradicional, porque le transportan a una dimensión en la que se entrecruzan los sistemas y las formas de pensamiento con toda libertad. Federico García Lorca expresaba esta idea con las siguientes palabras:

CRUZ
La Cruz.
(Punto final del camino.)
Se mira en la acequia.
(Puntos suspensivos.) [1]

lacruz7Estos puntos suspensivos son como pequeños fragmentos que saltan al dinamitar la viejas concepciones dominantes. Es una explosión, una ruptura, una desintegración. Pero todo renace al ser cuestionado de nuevo. Las intersecciones de Rafa Forteza no son puntos finales del camino, sino más bien puntos de partida de una reflexión que le conduce a descubrir nuevos caminos.

El segundo motivo central en la obra de Rafa Forteza es el rostro humano, que aparece en múltiples obras y constituye un factor dominante en algunas de sus series, como por ejemplo en Caps [2]. El rostro como figura fundamental es un símbolo que contiene a todo el ser humano, un lugar de encuentro entre el espectador y su propio reflejo, que se opone y se somete a él. A pesar de su carácter abstracto en estas obras, los rostros siempre llevan impresas las huellas de la vida, de la propia biografía y de la propia historia.

En alemán, la palabra Antlitz (rostro) designa en principio la parte del cuerpo donde se encuentra el sentido de la vista (Gesichtssinn). Sólo más tarde se generaliza la palabra Gesicht también en el sentido figurado de la percepción intelectual. Por ello se denomina zweites Gesicht (segunda cara) a la capacidad de ver mismo tiempo acontecimientos futuros o alejados en el espacio mediante un sentido de la vista intelectual. Albrecht Dürer (1471-1528) acuña la expresión “punto de vista” (Gesichtspunkt) para referirse al dibujo en perspectiva. Pero la expresión en su sentido intelectual procede del filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), quien la utilizó por primera vez en el mismo sentido del point de vue francés.

Por lo tanto, nos encontramos ante un campo semántico complejo y lleno de matices que enlaza con la sutileza de las obras de Rafa Forteza. Acercamiento y distanciamiento son parte integrante de estas imágenes, que se alzan en un diálogo coherente con el observador. Habitualmente se distingue entre los rostros abiertos y los cerrados, es decir, entre aquellos que se exponen libremente a la observación y aquellos que permanecen encerrados en sí mismos, siempre que no se vean expuestos a una mirada atenta e inmisericorde. En estos casos, los rostros cerrados son capaces de mostrar lo unívoco y lo especial, aunque sea de una forma velada y fragmentaria. En la vida como en el arte, el rostro no constituye sólo la configuración de un protoplasma, sino también un fragmento de experiencia vital, que comprende no sólo la biografía y la vida diaria, sino también el pensamiento y su trayectoria. En la obra de Rafa Forteza, todos estos aspectos confluyen en el elemento central de la cruz. La cruz está presente en todos sus rostros, ya sea como estructura subyacente o como una conjunción de fuerzas que puede ser invisible pero no imperceptible.

Estos rostros son el Hombre mismo, expresión de la tierra firme y del abismo que se abre bajo sus pies, porque contienen la mirada del observador tanto como lo observado. Ello nos remite de nuevo al origen etimológico de las palabras alemanas para “rostro” y “cara”. El término Antlitz procede de la forma medieval antlitze, compuesta por el prefijo ant (equivalente al actual entgegen, que se puede traducir por “contra” o “frente a”) y Wlitan, un verbo procedente del inglés antiguo que se ha perdido en el alemán moderno y que significa mirar o ver. Por tanto, la palabra Antlitz designa en principio tanto la acción de mirar como el objeto de la observación, y al mismo tiempo hace referencia a la parte del cuerpo donde se encuentra el sentido de la vista. Tanto la objetividad como la subjetividad de la acción están presentes en la forma y el significado del término, que se materializa en las estructuras cruzadas de los rostros de Rafa Forteza. La cruz determina el centro de la composición, y ejerce una fuerza que libera a los rostros de todas sus ataduras, dotándoles de energías propias para flotar por el espacio y descifrar enigmas de un mundo que ya conocían.

He aquí otra cita de Roger Bacon que ilustra claramente la liberación que supuso el paso de la objetividad medieval a la subjetividad y a la revelación del conocimiento filosófico y teológico, pero también científico y artístico: Muchos autores que pretenden escribir sobre temas filosóficos y teológicos no saben nada sobre las raíces de su ciencia, porque sus razonamientos carecen de fundamento. No me cabe la menor duda de que no entienden nada de Ciencias Naturales ni de Filosofía, ni ellos ni la gran mayoría de los filósofos, que no hacen sino equivocarse. Lamento su ignorancia, porque sin la experiencia no pueden llegar al conocimiento [3].

Notas
]1] Federico García Lorca: Poema del Cante Jondo, Eds. A. Josephs y J. Caballero, Madrid, Ediciones Cátedra SA, 1987, p. 204.
[2] Rafa Forteza: Noches Monolíticas. Caps, con comentario de Joan Punyet Miró, Palma de Mallorca. Galeria  Joan Oliver “Maneu”.    .
[3] Todas las citas de Roger Bacon proceden del libro de Rupert Lay Der Fall Roger Bacon, en Ders, Der Glaube an die Schöpfung, Freiburg im Breisgau, Ed. Herder, 1971.

Texto para la exposición RITUS II
Galeria Hensenleit.Colonia, Alemania, 2008
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