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HUELLAS
Cristina Calero
 

 Las cosas no son todas tan palpables y decibles como nos querrían hacer creer casi siempre;
la mayor parte de los hechos son indecibles, se cumplen en un ámbito que nunca ha hollado una palabra... (R. M. Rilke)  
      


calerogranNuestra era ha sido definida (1) como marcada por la lejanía e incluso la falta de dioses. No es quizás la falta de dioses la vacuidad más preocupante, sino más bien, la pérdida del sentido de lo sacro...Y esa pérdida, es ya tan olvido, que el hombre ni siquiera es capaz de percibir la añoranza misma.    
Es cierto que desde el principio de los tiempos, el camino hacia el ser ha estado bloqueado por la posición del ser humano frente a él, debido a la separación fundamentada en cosas tales como la percepción desde lo visual, los sentidos-sensaciones en general, lo corporal y lo material. Pero si a pesar de este bloqueo, existía alguna posibilidad de comunión, en esta época de penurias ha desaparecido, puesto que el hombre “en la medida que construye técnicamente el mundo como objeto, obstruye voluntaria y completamente el camino hacia lo abierto” (2).    
Al objetivar, el ser humano pierde el donarse del ser, la posibilidad de estar y estarse en. Se separa, se coloca contra, frente a, y no sólo acepta esta separación, sino que habituándose a ella, ordenándola, olvida la separación misma, asegurándose en la caverna sin ni siquiera percibir alguna reminiscencia del origen.
Y entonces, ¿qué sentido tiene el arte en nuestra época?, ¿para qué poetas en tiempos de penuria? (3). Para arriesgándose, despertar al otro. El hombre, puede profundizar más que cualquier otro ente en el fundamento o ser, al que Reiner Maria Rilke llama riesgo, ya que el ser es el riesgo al que todo ente es expulsado. Es decir, la vida.
Pero más aun, el hombre, en el mayor acto volitivo del ente, con su capacidad y posibilidad de elección -sobre todo en aquellos que realmente eligen-, se arriesga incluso un poco más que la propia vida (4).
El arte es uno de los caminos por los que es posible este riesgo, este acercamiento a la comprensión del ser, al recuerdo de las huellas que nos devuelvan el sentido de lo sagrado. Y aquí, “sagrado”, no contiene insinuaciones religiosas, sino únicamente éticas, significando la disolución de la separación entre el hombre y el mundo representado. Entre el hombre y el otro. El arte como camino debe despertar al ser humano de su querer asegurador, de su mundo organizado, tecnificado y categorizado que falsea el verdadero origen de las cosas, y coloca al hombre frente a todo ente, todo objeto, todo otro; ya que, en el medida en que hay una línea-limite entre el sujeto y lo tenido frente a sí como objeto, el hombre, sujeto y objeto al mismo tiempo, esta desprotegido frente a sí mismo. El otro es categorizado como objeto, lo que le define útil y por tanto posibilitado de sustitución. Es la perdida absoluta del sentido de lo sagrado en lo otro.

El arte promueve la trasgresión de la línea de separación entre el sujeto y el objeto. En este caso Rafa Forteza, los ancestros –el origen–, y la reunión –comunión–, nos lo muestran.
En el proceso de grabado, como una vía más de manifestación, el artista y el metal ponen ambos igual numero de reglas, diluyendo limitaciones entre ellos, ya que el metal sigue participando a través de sus tirajes, mas allá de la intervención del artista. De esta forma, con la disolución de la dualidad se produce la experiencia de lo abierto y “con lo abierto no me refiero por tanto a cielo, aire y espacio; para el que contempla y juzga, estos también son objetos y en consecuencia opacos y cerrados” (5). Desde esta nueva mirada, cuando el arte –a través del artista- hace que los objetos se observen desde otro punto de vista antes no vislumbrado, o tal vez olvidado, se produce un aumento de comprensión, conciencia y autoconciencia.



calerogran1En el proceso de grabado ocurre por dos motivos: acontece por que el metal, que participa con el creador, recupera su lugar y dignidad, mostrando su sentido de no utilidad, y por tanto haciéndonos ver lo ente desde lo que él muestra, no desde nuestro orden.

Los reyes del mundo son viejos
y no tendrán herederos.
Los hijos mueren ya de niños,
y sus pálidas hijas entregaron
al mas fuerte las enfermas coronas.
El vulgo las trocea para hacer monedas,
el nuevo señor del mundo,
las dilata en el fuego para hacer maquinas
que sirvan rugientes a su voluntad;
pero la dicha no esta en ellas.

El metal siente añoranza. Y quiere
abandonar las monedas y ruedas,
que le enseñan una vida pequeña.
Y de las fábricas y las cajas fuertes
retornará a los filones
de las montañas, cuyas fallas,
se cerrarán nuevamente tras él. (6)

Acontece también por que nos habla a través de la obra que surge del artista y el material: el grabado.El grabado produce, cuando obra de arte, que el observador re-conozca de forma distinta a como lo hace normalmente. Si nuestro reconocimiento habitual se produce fundamentado y fundamentando nuestro orden de representación, el re-conocimiento estético permite “alterar la sensibilidad establecida y obliga a una mirada nueva sobre los objetos-figuras reconocidos” (7), provocando entonces la duda de las verdades aceptadas, los significados y las estructuras de toda representación, haciendo despertar al hombre de su orden simulado que cree real. Esta nueva contemplación, que deja mostrarse al ser desde sí, aumenta la comprensión y por tanto la capacidad de nueva organización de lo representado, acrecentando la conciencia y la autoconciencia del ser humano. Posibilita entonces, la apertura de nuevos senderos hacia el ser.


calerogran2En definitiva, el arte, en tiempos de penuria, es más necesario que nunca, y el artista-metal lo muestran. No sólo para hacernos volver la mirada hacia “las huellas de los dioses huidos” (8), sino también para hacernos vislumbrar el encuentro con nuevas concepciones del mundo, nuevas verdades que algún día dejarán otra vez de serlo, siendo sustituidas por otras, aunque nunca muriendo en su totalidad, por que todas y cada una de las verdades re-conocidas por el hombre, perviven en el origen, que contiene el avance hacia las nuevas comuniones-reuniones. Todo esto, no sirve de nada al que mira desde su posición egocéntrica de sujeto, al que no se arriesga, ni al que nunca descansa de su inagotable manipulación de categorías y límites. Sólo aquel que se retira de sí mismo y mira hacia la obra dejando a ésta presentarse y llamarle –le llama– la atención, puede otear lo indecible en el arte.


NOTAS

(1)Heidegger, Martin. ¿Y para que poetas?. En Caminos de Bosque. Alianza Editorial,     Madrid 1995. Pág. 241-289.
(2)Ibíd. Pág. 264.
(3)Holderlin. Elegía Pan y Vino. M. Heidegger utiliza el verso ¿Y para que poetas...?, como sentencia introductoria de su texto del mismo título en Caminos de Bosque. Alianza Editorial, Madrid 1995.
(4)Reiner Maria Rilke en su poema “Gesammelte Gedichte” de 1934, utiliza la palabra riesgo, así como  la comparación del hombre con el animal o la planta y la definición de éste como ente capacitado para llevar a cabo la elección del riesgo. Este poema, así como otros de Rilke, aparece como parte fundamental del trabajo filosófico de M. Heidegger en algunos de sus textos.
(5) Rilke en frankreich, 1938. En Heidegger, Martin. ¿Y para que poetas?. En   Caminos de Bosque. Alianza Editorial, Madrid 1995. Pág. 257.
(6)Rilke, Reiner Maria. Libro de las horas. En Heidegger, Martin. ¿Y para que poetas?. En Caminos de Bosque. Alianza Editorial, Madrid 1995. Pág. 263.
(7)Bozal, Valeriano. Pág. 43
(8)Heidegger, Martin. ¿Y para que poetas?. En Caminos de Bosque.  Alianza Editorial, Madrid 1995. Pág. 244.



Texto para el catálogo de la exposición “REUNIONES”

Joan Oliver “Maneu” Galeria d’Art, Palma, 2003
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